La física del tiro: Temperatura, velocidad inicial y un par de… cronógrafos

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polvora
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La física del tiro: Temperatura, velocidad inicial y un par de… cronógrafos

Mensaje por polvora »

Es bien sabido que la temperatura de la munición afecta a la velocidad inicial desarrollada por los proyectiles al abandonar el cañón. Creo que todos los tiradores de precisión con un nivel básico pueden afirmar esto tan solo utilizando la lógica, u observando los puntos de impacto de sus disparos a larga distancia. Volviendo a la lógica, cuando la munición se calienta, es posible que haya más presión en la recámara, y por lo tanto el proyectil salga empujado a más velocidad. Por otro lado, atendiendo a nuestras experiencias, si comparamos los resultados entre invierno y verano en nuestro habitual campo de tiro, tendremos la sospecha de que, con los mismos datos, los disparos impactan más altos. Si además utilizamos municiones que tienen cargas de proyección de calidades medias, esos cambios serán más evidentes. ImagenEl autor en plena prueba balística comprobando si una variación en la temperatura de la munición afecta a sus resultados ¿Pero hasta qué punto importa esta variación térmica?
Todos los tiradores de precisión saben que cualquier cambio, por pequeño que sea, tendrá poca o mucha relevancia sobre el lugar de impacto de los proyectiles, dependiendo del tipo de cambio que sea. Como ejemplo, la diferencia entre utilizar o no un supresor, suele afectar ligeramente al punto de impacto, pero no a la trayectoria del proyectil. Es decir, un cambio en la inclusión de un accesorio afecta ligeramente al Zero del arma. Podemos decir que este cambio tendrá poca relevancia, sobre todo si se tiene controlado y confirmado en cortas y largas distancias. Una diferencia en la temperatura de la munición, cambiará la velocidad inicial del proyectil y por lo tanto tendrá una gran relevancia, porque cambia el rendimiento de éste y por consiguiente su trayectoria; e incluso, si el cambio en la velocidad inicial es grande, también cambiará el Zero del arma. Es más, cabría cuestionarse que, si aumenta demasiado la velocidad inicial del proyectil, derivado de un aumento de la temperatura de la munición muy elevado, por ejemplo hasta los 60º C, ¿podría llegar a afectar a la estabilización dinámica del proyectil, o a la precisión inherente del arma/munición? Evidentemente importa, importa mucho. El cambio en la velocidad inicial de los proyectiles afecta al factor de forma, el cual a su vez afecta al coeficiente balístico. Al cambiar la combinación de coeficiente balístico y velocidad inicial, la trayectoria del proyectil también variará, el efecto del viento sobre ese proyectil cambiará y el efecto de los condicionantes meteorológicos sobre el proyectil cambiará. Todo en el tiro de precisión a larga distancia proviene de la velocidad inicial de los proyectiles. Si tenemos un condicionante que cambia esa velocidad, tenemos un problema que debemos atajar antes que cualquier otro. Pero ocurre la paradoja de que, lo más importante, la clave de la balística del tiro a larga distancia, que supone el estudio de la “temperatura de la munición Vs la velocidad inicial”, es lo último a lo que dedicamos nuestros recursos, lo último de lo que se preocupan los manuales (si es que siquiera se nombra). Quizás esta paradoja sea porque tiene cierta dificultad hacer un seguimiento de temperaturas y velocidades, quizás porque hacen falta ciertas herramientas que tienen su coste (y si encima tenemos que asumir el coste de manera personal, vamos olvidándonos), quizás porque no se crea que un disparo pueda cambiar tanto por la temperatura de la munición, quizás por tirar la toalla de manera comprensible, o quizás por, la peor de todas, tirar la toalla sin ni siquiera empezar. De acuerdo, esto hay que cambiarlo. Necesitaremos: un vagón de munición, varios fusiles de precisión, un equipo de gente competente con papel y boli, varios modelos de termómetros, contenedor isotermo, y un par de… cronógrafos. Continuará…

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